Cita

miércoles, 16 de mayo de 2012

Si Grecia, otra vez, fuera...

La coincidencia de las elecciones francesas con las de Grecia e Italia, ha tenido el efecto de solapar las lecturas que caben deducir del hecho de la rápida popularidad de la idea de que la política de la disciplina fiscal, por sí sola, está siendo un fracaso, y hay que compensarla con una política decidida de estímulo al crecimiento. El peso de que sea el nuevo presidente de Francia el adalid entre los políticos de dicha denuncia, ha desviado hacia su victoria el impulso que ha tomado. Incluso, la mismísima Alemania merkeliana -sin apearse de sus exigencias austeritarias- está dispuesta a admitir el "hablar" del tema.
Sin embargo, me parecen de mucho mayor alcance los resultados de las elecciones griegas e italianas, leídas con la crisis de gobierno holandesa, y el éxito electoral de la extrema derecha francesa. Tanto en Grecia como en Italia, el triunfo de lo que se denomina "anti-política", ha sido arrollador en la primera, y muy notable en la segunda. Por su parte, el triunfo de la extrema derecha en Francia anuncia una profunda remodelación en la correlación de fuerzas dentro del espectro conservador tradicional. En Holanda, la crisis de gobierno precipitada por la negativa a la política de austeridad del partido de la extrema derecha que sustentaba al gobierno, mostró el poder decisivo que tienen hoy en Europa los fascismos, presentes, como están, en diversos parlamentos. 
Un escalofrío recorre el espinazo de Europa. Empieza a dibujarse cierta lógica de transformación social y política, que amenaza a la democracia representativa desde dentro de sus propias reglas. Por primera vez se está visualizando una Europa ingobernable. Ya no se trata de la excepción italiana, con su endémica inestabilidad parlamentaria. Tampoco se trata de las tensiones inherentes a la lucha política, y los cambios  gubernamentales fruto de las cambiantes alianzas entre las minorías. El panorama que comienza a dibujarse ahora no es de inestabilidad política, sino de ingobernabilidad democrática. Los partidos políticos tradicionales, los partidos que funcionan en la lógica de las exigencias del Mercado, implosionan al ver rechazadas en las urnas, por los votantes, sus políticas de ajustes salvajes, víctimas de sus devastadores efectos económicos y sociales. El grueso de los votos que les daban las mayorías que les permitía alternarse en el poder, se reparten ahora entre la abstención , y los partidos antes minoritarios, situados ideológicamente en ambos extremos, y que rechazan la supuesta necesidad de aquellas medidas draconianas.
Así, el abanico político se segmenta en media docena de grupos, o más, con un peso electoral similar, pero con posturas maximalistas -tanto económica, como ideológicamente-, que hacen imposible la formación de mayorías. Europa se hace, así, ingobernable, no por una cuestión intra-sistémica de la democracia, sino porque las políticas que exigen los Mercados son rechazadas por los votantes que legitiman los gobiernos que habrían de aplicarlas. Es una contradicción inter-sistémica. El obstáculo que opone el sistema democrático a las exigencias del capitalismo actual amenaza con colapsar su lógica vital del beneficio maximizado. 
La dialéctica política se ha desplazado, se ha deslocalizado, desde el interior del propio sistema, para convertirse en una dialéctica inter-sistémica: sistema político versus sistema económico. Pero el corte entre ambos no es simétrico, ni homogéneo. Del lado del conjunto "sistema económico", queda el capitalismo de mercado, más los partidos políticos convencionales, que son sus gestores. Mientras que, del lado del conjunto "sistema político", lo que quedan son los partidos no-convencionales, mal llamados "anti-políticos", por que con lo que están en confrontación abierta es con las exigencias del Mercado -aunque también rechazan la forma de hacer política de aquellos otros (corrupción, privilegios, distanciamiento de los electores (1), etc.)-. Estos partidos políticos, funcionan dentro del sistema -por el momento-, pero rechazan el  sistema económico del que -aún- participan. Si esto les llevara a ser operativamente  inviables, como opción real de gobierno, el sistema político democrático podría colapsar, porque, del otro lado, en la medida en que se vaya constatando que solamente una única política es posible, el sistema político parlamentario aparecerá a los ojos de la ciudadanía como un derroche de recursos, y sería sustituido por la gestión empresarial de los tecnócratas. 
Los Rato, los Montti, los Draghi, los Papademos, los De Guindos, etc, ya no alternarán la empresa privada y las tareas de gobierno. Apoyándose en el convencimiento social de que la Democracia no puede, ni de lejos, dar respuesta a los retos que presenta el capitalismo en una sociedad altamente tecnificada, las naciones se tomarán como empresas gestionadas como tales: solamente con criterios de rentabilidad y sostenibilidad económicas. Esta sería la sociedad post-democrática, una sociedad de gestores y productores/consumidores, identificados a un Bien común: la generación de riqueza. La tríada progresista de la modernidad: capitalismo ---> socialismo ---> comunismo, quedaría reemplazada por la tríada metamoderna: capitalismo democrático ---> capitalismo post-democrático ---> capitalismo post-político.
De nada sirvió que la Europa de los Mercados bloqueara la realización en Grecia de un referendum, para validar la política fiscal impuesta por Alemania. El calendario electoral trajo la "inevitable" celebración de elecciones. Y el resultado terminó por restituir la verdad de esa contradicción insalvable. Hoy, Grecia, a un paso de su expulsión de Europa -que ahora se llama "club"-, evidencia el choque de los intereses sociales, y los del capital. Y lo evidencia con la metáfora de la incompatibilidad del timing del nuevo capitalismo, con el tempus de la democracia parlamentaria, el de la discusión y el debate, de las elecciones y los consensos, de los acuerdos y desacuerdos, el de los pactos, el respeto y la tolerancia entre las personas y los grupos humanos. El Mercado no concede el tiempo que necesitan las interacciones humanas. Su tiempo es la velocidad de las nuevas tecnologías, que permiten la aceleración exponencial  de la obtención de plusvalías. Si la Grecia de Solón -precisamente tratando de organizar un mejor reparto de la riqueza, y de limitar los privilegios de los más poderosos económicamente-, fue el modelo de gobernabilidad de lo que sería la Europa de 2600 años después, tal vez hoy, en el albor del tercer milenio, vuelva a ser Grecia el modelo de lo que será un futuro tal vez no tan lejano.

(1) Ejemplo paradigmático de este estilo de hacer política es el lapsus freudiano del aspirante a la presidencia del land Renania N.-Westfalia, her Röttgen, cuando dijo en televisión: “Creo que debería convertirme en primer ministro, pero eso, lamentablemente, lo deciden los votantes”.



jueves, 16 de febrero de 2012

No sirve, o no basta.

La reforma laboral recién aprobada por el gobierno conservador español avanza definitivamente en la deconstrucción de uno de los grandes pactos en los que se asienta la cultura de la paz social europea, la otra pata que, junto al estado de derecho, hicieron de la UE una referencia Cultural en el mundo –no solamente económica o política-. En lo que tiene de labor de derribo, supone también un ataque al sistema de valores implícito a la sociedad que organiza su forma de vida y de convivencia en función de lo así logrado.
Hay que recordar que el sistema capitalista –en tanto modo de producción- vino para quedarse, pero es joven y, seguramente, no es eterno. Quiero decir, que cuando comienza su andadura lo hace en un terreno en el que los valores que articulan lo social no le son propios, ni le corresponden. Más bien al contrario: el humus axiológico en el que surge le va a suponer una rémora más que un nutriente. Inexorablemente, entrará en conflicto con todos ellos.
Sabemos que el ritmo de la economía capitalista se mueve en los tiempos cortos de la historia, mientras que los tiempos de las modificaciones de los valores culturales se mueven al ritmo de los tiempos largos de la historia. Esta asincronía entre axiología y economía es esencial en la producción sistémica del malestar en la cultura. Z. Bauman (2011) recupera el análisis de M. Weber sobre el origen del capitalismo para dar cuenta del rango de fractura social en el que nos vamos adentrando. Ya en aquel inicio, la lógica de la optimización del beneficio surgió como el que llegaría a ser el único valor vinculante de lo social, si no respetable, sí a respetar, simplemente porque se impone. La ética doméstica y religiosa del antiguo régimen fue quedando para la memoria de los viejos, y las añoranzas de los melancólicos.
Así, cuando el capitalismo empieza con sus revoluciones industriales a mediados del XVIII, el sistema de valores que se encuentra es el que articula una economía doméstica, gremial y agrícola, que sirve en un mundo rural, estable y localista. Ninguna de las tres conviene al sistema de relaciones laborales que necesita el capitalismo. Incluso el esclavismo –tan apropiado para producir la acumulación originaria de plusvalía que necesita el capitalismo para su despegue- termina en convertirse en una rémora en la explotación neta de la mano de obra del proletariado. El esclavismo –a pesar de toda su brutalidad- participaba del espíritu familiar y paternalista de un tiempo en el que éste era el referente mayor de las formas de relación social.
El tijeretazo que mete el capitalismo en la urdimbre social y cultural en la que nace y se desarrolla tiene que venir a ser zurcido por la construcción geopolítica de los estados nacionales, y la lenta y dolorosa conquista de las libertades democráticas y los derechos laborales. La hipótesis de Bauman es que, en este momento, nos encontramos ante un nuevo tijeretazo infringido esta vez por el capitalismo globalizado, que está modificando radicalmente los pactos logrados por el capital y el trabajo en el marco de las democracias parlamentarias. Este nuevo tijeretazo también está destrozando el sistema de valores que las sociedades habían excretado como bálsamo para aliviar y lubricar las fricciones inherentes al encuentro de sus intereses contrapuestos. Y, tal y como en aquel entonces sufrieron nuestros ancestros del XIX, estamos sufriendo el equivalente de desigualdad económica, exclusión social, angustia y desconcierto acerca de un futuro difícil de anticipar por la falta de referencias pretéritas, e inmersos en un presente en el que las innovaciones se producen a tanta velocidad, que parece ya su futuro.
Tiempo, pues, de crisis, caótico, desconcertante, variable, impredecible, en el que los protocolos y las pautas culturales que hemos venido observando, porque se mostraban útiles y eficaces en los últimos lustros, han dejado de orientarnos en la respuesta adecuada  a las viejas preguntas éticas del qué, cómo y cuándo hacer. 
No sirve, o no basta el estado nacional en el concierto mundializado de las empresas multinacionales y deslocalizadas. No sirve, o no basta la política en el imperio de los mercados, y en una sociedad descreída de cualquier discurso ideológico. No sirve, o no basta la democracia como gestor de las relaciones y los desequilibrios sociales. No sirven, o no bastan los medios de comunicación para una ciudadanía emancipada de las servidumbres de la voz de su amo, y que ahora genera su propia información, se auto-convoca, discute y se organiza a golpe de red social. No sirve, o no basta la institución religiosa para un sujeto que quiere gozar aquí, ahora y ya, y para el que su objeto es mercancía, y no un Ideal localizado en un mañana improbable o incierto. No sirve, o no basta un ejército que no puede ofrecer el ideal de una patria y una frontera en un mundo donde el enemigo lo es solamente de intereses, está en el exterior y en el interior al mismo tiempo, y se desplaza por espacios inmateriales, y a velocidades próximas al instante. No sirve, o no basta la función paterna como referencia para una familia que se multiplica en insospechadas posibilidades combinatorias en todos sus niveles, variaciones que abarcan desde las múltiples posibilidades de concebir a los hijos, hasta la diversificación en las formas de alianza para combinar los cónyuges y mezclar los miembros de las familias. No sirve, o no basta el entramado sindical, desgastado en mil batallas y otros tantos pactos y componendas con los amos del capital, en una sociedad que ha adelgazado sus tramas sociales casi hasta su atomización en los individuos que la componen.
Ahora toca vivir el tiempo de la incertidumbre. Por un tiempo. Tal vez, bastante tiempo. Este trabajo de deconstrucción al que se viene aplicando intensamente la “revolución” neo.conservadora, puede formar parte de un proceso dialéctico. Estaríamos así en el mejor de los escenarios: las fuerzas del capital y el trabajo, después de un nuevo proceso histórico de tensiones y conflictos, llegan a un nuevo pacto que estabilice las relaciones laborales.
El peor escenario tendría que ver con el final, la extinción de otro de los movimientos dialécticos en los que se ha asentado la Cultura occidental en los últimos dos siglos, avanzando así hacia una cultura unidimensional en lo social, mono-discursiva en lo ideológico, y autoritaria en lo político y lo económico.
Pero queremos creer que también esta vez lo social sabrá crear los mediadores culturales adecuados, para que los vencidos puedan seguir teniendo su lugar al sol.

miércoles, 18 de enero de 2012

Al menos uno, se atreve.

La ruptura de facto de la Unión Europea a la que hemos asistido en el final del año pasado -Inglaterra, tal vez también Hungría y algún otro se quedan fuera de las medidas de integración fiscal-, ha sido como la liberación volcánica de la tensión acumulada en la tectónica política por las presiones financieras.  Ha servido para desvelar de una vez por todas la impostura de Inglaterra, y su doble juego: al servicio del capitalismo anglosajón (56% de los "mercados", Dólar, Libra, Agencias de Calificación, Wall Street, la City), pero con voz y voto en los centros de decisión europeos. Ahora, el Euro podrá tener más definido cuales son sus rivales monetarios y financieros. Indudablemente Europa pierde fuerza, pero gana coherencia teórica y cohesión pragmática.
Sin embargo, la fractura de la UE ni se queda ahí, ni empezó ahí. Hemos visto como las tensiones introducidas por las políticas migratorias han llevado a Francia, Italia, Dinamarca, a recuperar fronteras ocasionales o parciales. Hemos visto a los nuevos países del Este utilizar sus estatutos de estados miembros para arreglar viejas cuentas pendientes con sus antiguos "socios" hegemónicos. Hemos visto a Hungría dotarse de una Constitución que atenta a los principios básicos de laicidad, independencia judicial y libertad de prensa -y la timidez y tardanza de las autoridades europeas para iniciar un expediente de sanción. Hemos visto a Polonia ser la novia de USA en Europa. Incluso hemos dado por bueno que la UE se reduzca a la bilateralidad Alemania/Francia -Merkozy-, asumiendo que Europa sea lo que Alemania quiere (siempre destacando lo que paga, y nunca lo que cobra).
Siendo todo esto muy preocupante -y desnaturalizador del proyecto integrador de Europa-, sin embargo, las soluciones tecnocráticas a la situación de Grecia e Italia son, sin lugar a dudas, lo más preocupante de todo. Porque son La Ruptura, con mayúscula. Porque si la médula del proyecto europeo es la Democracia, lo sucedido en las salidas políticas a la crisis económica de esos dos países cuestionan definitivamente los recursos democráticos que tenemos para hacer frente a sus enemigos.
Que el capitalismo financiero haya llegado a ser el alumno aventajado del sistema capitalista en su conjunto, parece que está en su misma lógica evolutiva. La toma de posesión de su trono mundial es un elemento clave en la configuración del cambio cultural que llamamos globalización. Lo que llama más la atención es el hecho de que ya haya llegado ese momento. Cuando la caída de las ideologías hizo hablar a algunos del final de la Historia, pareció que se había cumplido así el recorrido que la humanidad había hecho por su evolución político-social y cultural. Había ganado el capitalismo/democracia, "porque no podía ser de otro modo". Era el último estadio de la civilización. Llegados a ese punto, solo quedaba el progreso económico y tecno-científico.
Sabemos que esta idea esencialista de las cosas es consustancial al pensamiento conservador, fundamento de una estrategia ideológica de legitimación de su derecho "natural" al ejercicio del poder. El cálculo que hizo el triunfo de occidente daba por naturalizada la asociación de la Democracia con la política concreta de los Estados. A partir de aquí, democracia y política quedaban re-absorbidas la una en la otra. Cualquier ataque a la democracia es, a partir de ese momento, un ataque a la idea misma de la política. Por eso, la caracterización por algunos del cambio cultural que se está operando como post-democrático, conlleva inevitablemente que podamos traducirlo como post-político, según la propuesta del filósofo serbio Slavoj Zizek (2009).
La política adolece de una contradicción interna, estructural -entre los intereses de lo Individual, y las exigencias de la gestión de lo Universal-, que siempre la hace inestable, mutable e incompleta en su objetivo de organizar y administrar lo social. El conflicto es inherente a lo político mismo (Freud incluía el gobernar, como uno de los tres oficios imposibles). Por eso La política se concreta en regímenes políticos, que intentan "defenderse" de ese conflicto estructural, creando diferentes modalidades de "solución". El compendio de estas soluciones -siempre fallidas- que hace Zizec, nos permite a nosotros elaborar este cuadro comparativo:


MODALIDAD DE DEFENSA FRENTE AL CONFLICTO POLÍTICO
DEFENSA
MODELO
META
RÉGIMEN POLÍTICO
Archi-política
Represión
Médico
Espacio social homogéneo y orgánicamente estructurado.
Fascismo.
Para-política
Deportivo
Competición entre partidos y/o actores autorizados.
Democracia burguesa.
Meta-política
Técnico-Científico
De la administración de los pueblos, a la administración de las cosas.
Marxismo
Ultra-política
Bélico
Militarización directa de la política.
Dictadura
Post-política
Exclusión
Empresarial
Negociación y Compromiso estratégico.
Tecnocracia

El triunfo del capitalismo de mercado consiste en que puede operar bajo cualquier régimen, en el interior de cualquiera de estas modalidades de defensa frente al conflicto político. En estos años de la crisis financiera, hemos visto cómo los gobiernos se han doblegado a las exigencias monetaristas de los Mercados financieros. Hemos visto cómo sus exigencias han derribado gobiernos. Hemos visto, con estupor, cómo Obama -la esperanza de Occidente- componía y recomponía su gobierno poniendo los zorros a cuidar de las gallinas. Hemos visto temblar a Sarkozy -el gran refundador del capitalismo-, cuando las agencias de calificación -las tres Parcas que dictan el destino, las  Moiras a las que incluso los dioses temían en la mitología griega-, amenazaban y bajaban la calificación de Francia. Y, en diciembre pasado, hemos visto el descaro con el que alguna de estas mismas tres, amenazaba a los estados del centro de Europa -Alemania incluida-, como aviso ante las resoluciones que pudiera tomar en la próxima cumbre de la UE. Amenaza cumplida en su mayor parte al comienzo de este año.
Estas realidades, que vienen anunciando el advenimiento del declive del capitalismo democrático, parecen haber tenido un punto de condensación y de visualización con la entrega del poder político en Grecia (Papademos) y en Italia (Monti), de la dirección del Banco Central Europeo (Draghi), y del gobierno económico de España (Luis de Guindos) a señalados tecnócratas de las poderosas entidades financieras Lehman Brothers y Goldman Sachs. De nada ha servido que el qurriqulums ruinosos de ambas desaconsejaran fiarse de directivos y ejecutivos que lo único que han hecho bien ha sido enriquecerse personalmente. 
Lo alarmante de las "soluciones" griega e italiana, ha sido la opción de la tecnocracia no electa -aunque impuesta políticamente-, frente a una solución de incremento y profundización de la democracia participativa. En el más viejo estilo de la Roma antigua, en la situación de emergencia, la sociedad cede el gobierno al ejercicio unipersonal en la figura del Dictator. Pero lejos de limitarse a los seis meses de entonces, hoy tiene vocación de perpetuarse, y parece el antecedente inmediato de la propuesta -ya formulada por La Trilateral, a principio de los años '60- que se apunta como modelo político para las sociedades de la meta-modernidad.
El triunfo de Papademos y de Monti parece garantizado. Son los hombres de los Mercados. Su solución -la que sea-, será La solución, solamente por el hecho de ser la suya. Y cuando devuelvan el poder político a los electores, la democracia ya sabrá que no volverá a ser la misma. Por lo menos, la que ella creía ser cuando se miraba al espejo de los valores que la fundaban. Cuando Papademos y Monti se retiren , dirán a sus sustitutos, políticos electos: "Bueno, ahí lo tenéis. Ahora ya sabéis cómo se hace". Y ellos sabrán entender esta indicación, y su generosa enseñanza.
Tal vez entonces, nos acordemos que hubo alguien que, desde fuera de Europa, y en su solitaria lucha contra el latrocinio de los Mercados, se hizo esta pregunta en voz alta. "Si Europa no se rige por el marco de la democracia, entonces ¿de qué se trata todo esto?" (O.R.Grímsson, Presidente de Islandia, octubre 2011)1.
Y, tal vez valiese la respuesta de Wolfgang Streeck (Instituto Max Planck, Colonia, Alemania), también en el mismo mes del mismo año. No duda Streeck que el capitalismo democrático volverá a encontrará la manera -siempre provisional- de  sortear el conflicto social. "Pero, esta vez" -después de agotada la solución de la inflación -años '70-, la de la deuda pública -años '80-, y la de la deuda privada -años '90 hasta 2008-, "según modalidades que deberían estar totalmente a favor de las clases pudientes, atrincheradas en una fortaleza políticamente inespugnable: la industria de las finanzas internacionales". Y concluye con una pregunta, de esas que afirman un vaticinio: "Después de todo ¿podemos descartar que éstas miren con confianza el desenlace del combate final que podrían decidir librar contra el poder político, antes de imponer su ley de una vez por todas?".
Solamente subrayar las últimas palabras "... imponer su ley de una vez por todas".


1. [Nota de febrero 2015] El mismo presidente Grimsson visita -en febrero de 2015- la España de los seis años de crisis, y habla de su camino solitario -y supuestamente imposible- hacia la recuperación. El colapso de su banca fue en 2008. Consecuencias: una pérdida del 8% de su riqueza en dos años, y un paro jamás conocido del 11,9%. En la actualidad la tasa de paro oscila entre el 3% y el 4% y el PIB previsto es del 3,3%. El presidente atribuye "en parte esa recuperación a haber desoído los consejos de los organismos internacionales, en particular la Comisión Europea, para que aplicara medidas de austeridad", y si "la UE se equivocó con su caso. “¿Por qué deberían tener razón en otros?”. En cuanto a la dirección política seguida "ha reclamado mantener los equilibrios entre “la democracia” y los “intereses económicos”", y "rechazado que la población deba sufrir con medidas de duros recortes presupuestarios", renegociaron "la deuda (el país rechazó en un referéndum pagar por los errores de sus bancos)", y devaluaron la moneda, manteniendo severos controles de capital que bloquean la libre circulación de fondos por una cuantía que equivale al 50% del PIB. (El País, 19/02/2015)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El círculo Merkeliano.

El saludo de frau Merkel a her Rajoy tiene el formato de un Chrismas de Navidad, y la forma de uno de esos círculos del Infierno que imaginó Dante.

El crasch financiero de 2008 terminó con el primer intento de generación salvaje de plusvalía global por parte del hijo predilecto del capitalismo. El capitalismo financiero imaginó nuevos medios para generar plusvalía, en un momento en el que los márgenes del capitalismo productivo se habían estrechado desagradablemente, por la entrada en la escena competitiva de nuevos países emergentes (BRICS). Con su ingenio económico, y la connivencia política a derecha e izquierda, diseñaron imaginativos "productos" financieros, que enriquecieron enormemente a unos pocos, subiendo ficticiamente el nivel de vida de otros muchos.
Como "no se les podía dejar caer", los Estados se empeñaron -en los dos sentidos del término- para sostenerlos, y rellenar los ingentes agujeros rojos que dejaron miles de millones milagrosamente desaparecidos. El dinero que fue allí, se retrajo de la circulación que alimenta la economía productiva, con el resultado de deuda y paro que todos conocemos.
Foto del artículo citado.
El País.
Recuperados rápidamente en la UVI de las reservas monetarias estatales, aprovecharon ya el Foro de Davos de enero de este 2011, para decir a los gobiernos cómo iban a ser las cosas a partir de entonces. Y las cosas son que Europa es el último pastel sin repartir. Europa es la hucha de la abuelita, el último reducto donde una buena parte del capital se dedica al bienestar de sus ciudadanos y contribuyentes (políticas sociales, Estado del bien-estar: educación, sanidad, pensiones, dependencia), en vez de incluirlo en el main street del libre -libérrimo- juego del Mercado. 
Aquí es donde entra en escena frau Merkel, para realizar en la Europa de comienzos del siglo XXI, lo que miss Margaret Thatcher realizó en la Inglaterra de los ochenta del pasado siglo. Hasta que la Europa del bienestar no haya sido desmontada, a la tarta de la globalización económica le faltará un trozo que morder 1

1. Nota 2012/11/29. Se puede leer un artículo sumamente esclarecedor de la estrategia del ataque especulador a los paises de la periferia europea en el siguiente enlace: El ataque alemán desahucia a España, de MANUEL BALLBÉ / YAIZA CABEDO.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Insistiendo en la omnipotencia materna [2]: "Melancolía", de Lars von Trier.

Ocurre con frecuencia que el autor, como persona, dista mucho de estar a la altura de sus obras. Digamos que su talla ética no alcanza a su talla estética. Después de las lamentables declaraciones filonazis de Lars von Trier en la rueda de prensa de Cannes (2011) "comprendiendo" a Hitler, hay que olvidarse de ello para apreciar y disfrutar de su hermosa y angustiante película Melancolía. El espesor humano que consigue con media docena de personajes es enorme. La dureza de una película de tanta potencia visual radica, sin embargo, en el acierto en el que los personajes, y la narración, transmiten al espectador su mensaje existencial claro e inequívoco: estamos solos, y no hay esperanza. El silencio que sigue al in creschendo musical de las últimas escenas de la película, es escalofriante. La película "termina" -terminan las imágenes-, pero los títulos de crédito tardan varios segundos en aparecer. Esos segundos de silencio en negro son la representación de la nada en que consiste el después.
Se dice que Lars von Trier mima a los personajes femeninos. Si es así, habría que añadir que parece ir en detrimento de los masculinos. Al menos en esta película. Me refiero a un detrimento ideológico, moral, humano -no es casual que resuene nuestro Almodóvar en estas coordenadas-. Y es por ello que la traigo bajo el título de la omnipotencia materna, cuando el calado de la película excede en mucho el interés de este aspecto concreto.
Nuevamente en poco tiempo (os remito a la entrada de mismo título [2011/11/14]) nos encontramos con otra incursión -más lateral, eso sí, que la de los hermanos Dardenne- en la figura de la fantasía infantil de la omnipotencia materna. Y, también, a cargo de un hombre. En Melancolía, aparece muy nítida la relación de cariño y cercanía afectuosa de un padre con su hijo de unos diez años. Un padre que le transmite su conocimiento y su pasión por el estudio y la observación de la astronomía. El niño le responde con su complicidad y su interés. El padre aparece con los emblemas del conocimiento científico, y la serenidad que da la racionalidad para afrontar un suceso natural extraordinario. Él es la fuente de tranquilidad para su hijo y su esposa, a los que reasegura continuamente.

Fotograma de la película.
Sin embargo, lo interesante, y lo sorprendente, es que, cuando el padre comprende que el choque de la Tierra con el mega-planeta Melancolía es inevitable, sin decir nada a nadie, se suicida en solitario, cobardemente, después de haber estado negando constantemente a su mujer y a su hijo la posibilidad de la tragedia cósmica.
La madre, al verse sola, y desbordada por la angustia al darse cuenta de lo inevitable de la colisión, intenta una huida inútil y absurda cobijando a su hijo. Fracasada e impotente, vuelve a la casa familiar.Allí, su hermana, una melancólica que encuentra en el cataclismo la solución suicida a su dolor de existir, resurge de su inhibición psicológica para tomar el mando de la situación, e imponer la modalidad de abordar el momento final.
Esta mujer -a la que el niño llama "rompe-acero"- es la detentadora de la omnipotencia imaginaria a la que el niño se confía ciegamente. Su propuesta salvadora es la construcción de una "cueva mágica", donde morirán abrasados por la onda nuclear del impacto. Una vez más, el hijo, abandonado por el padre en un momento crítico de su existencia, aparece acogido y guiado por la madre, quedando en su pertenencia para siempre -literalmente, en este caso, hasta que la muerte les separe-.
Fotograma de la película
Nada cambia el hecho de que, en la película, el niño quede a cargo de dos mujeres-madres. Más bien al contrario. Tal como nos ha enseñado a leer los cuentos tradicionales la crítica cultural psicoanalítica, estas dos hermanas desdoblan la imago materna del inconsciente infantil. La madre natural es la madre del principio de realidad, la madre de las atenciones y los cuidados cotidianos. La tía materna es la figura de la madre omnipotente, la conseguidora, situada por encima de las limitaciones materiales y culturales, fuente inagotable de imaginarios poderes. Queda muy bien reflejado el lugar de cada una de ellas en la economía de goce del niño: allí donde la una fracasa en su intento de salvar al hijo, la otra aporta la "solución" por la vía de la fantasía, a la que el niño se adhiere -y a la que la madre de la realidad se resigna-, guiado por la idealización en que la tiene.
Enmascarado en todo esto está el abanico de figuras masculinas fallidas, que contrapuntean el protagonismo de las dos hermanas, y que son el objeto de sus quejas, cuando no de su desprecio: el sirviente de toda la vida, que les abandona sin decir palabra cuando el peligro se avecina; el padre/marido que hace lo propio también con su suicidio vergonzante; el jefe/admirador de la tía, que es desvelado por esta -en público- como odioso y egoísta; el joven acobardado, que es utilizado solamente para el sexo; el novio enamorado, que es utilizado para la boda; el padre de ambas, investido de todas las insignias de la decrepitud y el egoísmo, también abandona a la hija melancólica cuando ésta reclama, angustiada, su presencia. Frente a tantos hombres cobardes, que abandonan el lugar en el que son requeridos por las mujeres, aparece otra figura femenina -la madre de ambas, separada del padre-, una mujer que, en su breve aparición, ridiculiza al padre, deja en evidencia al yerno, y ostenta los atributos de la decisión, la independencia afectiva, la autonomía personal, el valor de mirar a la cara a la vida más allá de los engaños del amor: ¡todo un carácter!
Si los creadores vienen insistiendo desde hace un par de décadas en figurar así al hombre de la metamodernidad en su relación con el Otro sexo, habrá que pensar que la realidad de todo ello no está lejos -seguramente, está siendo ya-. Y todo ello coincide con lo que algunos, desde el psicoanálisis, ya vienen enunciando como una "clínica del matriarcado", forma de dar cuenta de algunos efectos del cambio cultural que se está operando en la post-liquidación de la autoridad paterna (en tanto pacto simbólico), y en el que el hijo pasaría de ser el objeto del deseo de la madre, para serlo del goce.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El uso canalla del lenguaje, 1.

"No se sabe qué se corrompe primero, 
si la realidad o las palabras”
Octavio Paz
Cuando un juez dice en su sentencia que llamar zorra a la esposa no es un insulto, porque "zorra" significa: animal astuto que...; cuando un responsable político del más alto nivel del PP dice que Fabra, imputado, acusado de múltiples delitos, es un político y ciudadano ejemplar... -o cuando dicen de Camps, implicado en otras corruptelas, que es el político más honesto...-; cuando un periodista/comentarista de uno de los principales periódicos nacionales dice que el presidente del gobierno participa de la misma estrategia que ETA; o cuando un dirigente del partido Republicano de los EEUU dice que Obama no nació en su país, por lo que está ilegitimado para ser Presidente.... en todos estos casos, nos encontramos ante una misma estrategia de terrorismo del lenguaje como arma política.
Recupero un artículo de F. Vallespín, del més de julio (El País), en el que trataba de entender el comportamiento del Partido Popular en el caso Camps. Se apoyaba en la ficción premonitoria de Orwell -1984-. En concreto, en la creación de la "neolengua" del partido único en el poder, y el "doblepensar", en el que aquella encontraba su lógica y su justificación. El "doblepensar" era una forma de pensamiento que permitía sostener dos opiniones contradictorias al mismo tiempo -en contra del principio de no contradicción, uno de los pilares del la estructura lógica de nuestro pensamiento-. Que este "neolenguaje" fuera el arma más refinada del partido único que acapara todo el poder en la república orweliana -ficción dedicada por su autor al estalinismo soviético-, da el mayor interés analítico para su proyección en la próxima realidad política española, cuando el PP asuma el gobierno de la nación, acaparando así, la práctica totalidad del poder Terrirorial del Estado (porque el próximo 20-N, acabaremos con el bipartidismo, por la vía de restaurar el partido único -eso sí, por la voluntad popular, la misma que considera (el 40%, CIS/noviembre) que el PP habría gestionado igual que el PSOE la crisis económica ¡¡¡¿?!!!).
Pero antes de entrar en este nivel de sofisticación esquizoide, está primero la mentira pura, la clásica, la de toda la vida. La mentira como forma de hacer política en las democracias occidentales ha dejado de ser la forma vergonzante de relacionarse el político de turno con el ciudadano, para convertirse en aquello que ya puede hacerse explícitamente, porque el ciudadano -mejor dicho: el votante-, ya no se lo toma en cuenta. Paradigma de esta relación de sometimiento acrítico, el votante del PP dió una espectacular prueba de su fidelidad electoral cuando aceptó, sin problema de ningún tipo, que Alfonso Rus se riera explícitamente de ellos, y les llamara "burros", por creerle y aplaudirle por una promesa electoral disparatada (mayo, 2007). Estos "burros" le han llevado a la alcaldía cinco veces.
El trabajo ideológico y de propaganda que posibilita y permite este estado de cosas es la fanatización de lo propio, y la demonización de lo ajeno. El clima social requerido es lo que los ideólogos neoconservadores llaman algo así como "la política basada en el desastre", sea este natural o humano. El mecanismo es simple, como simple es el mecanismo psico-social en el que se basa: una situación catastrófica genera socialmente un estado de temor/pánico, que debilita la conciencia de ser titular de derechos civiles y laborales en los ciudadanos que lo padecen. Ahí, el poder político puede encontrar la cobertura emocional de un apoyo político acrítico. Incluso la simple apelación a la catástrofe funciona psicológicamente en el imaginario colectivo de las sociedades. Aún resuenan en el eco de la Historia reciente, paradigmáticas de este argumento, las palabras del general De Gaulle: Moi, ou la catastrophe
Y, efectivamente, como si una mano negra hubiera querido que los neoconservadores americanos tuvieran "la catástrofe de su vida" -es decir, la catástrofe necesaria para su éxito-, inauguramos el tercer milenio con el ataque al WTC. Con la respuesta de occidente, quedó inaugurada la era de la mentira política globalizada en los países democráticos. Seguramente otra nota de la Metamodernidad. Nos mintió Bush. Nos mintió Blair. Nos mintió su amigo "Ansar". Nos mintieron también después, en otro momento catastrófico para la historia de la democracia española.Y si falla una vez, el error está en la insuficiencia de la significación catastrofista dada al hecho, la dosis insuficiente de miedo infiltrado en la sociedad. La primera legislatura de Rajoy en la oposición fue paradigmática de esa insistencia en el "todo va mal". ¡Qué tufo guerracivilista tienen sus maneras y sus actuaciones! ¡Cómo se les nota lo incómodos que están con el corsé democrático! ¡Que impudor cuando el poder se les escapa! ¡Qué naturalidad al reclamarlo como consustancial a su ser político!
Esta es una de las peores alienaciones del individuo en tanto actor social: el esencialismo histórico. Me refiero al desconocimiento consciente y/o la negación inconsciente de los elementos estructurales, y las dinámicas subyacentes que sostiene el fenómeno en el que se vive el día a día. A ello va unido la no consideración histórica del devenir humano. Las pasadas elecciones europeas fueron una pasmosa confirmación del predominio de esa ceguera , de esa ignorancia autodestructiva. En el momento más árido de la crisis mundial provocada por la ideología neoconservadora y sus políticas económicas neoliberales, resulta que el coro de los perdedores, en su mayor parte, o bien no votó, o bien lo hizo mayoritariamente por las opciones políticas que sostienen ese tipo de políticas fracasadas y claramente antisociales. ¿No es esto una denegación colectiva, un sí-pero-no?
Da la impresión que el nivel de des-ideologización  de la sociedad ha llegado a un nivel de generalización y de intensidad que los ciudadanos no consiguen ligar acontecimientos de órdenes diferentes, que permitan significar los hechos aparentes con sus determinantes subyacentes, ocultos, desplazados o metamorfoseados.
A partir de ahí, el uso de la mentira se ha desbordado. Y más cuanto más a la derecha escuches, sea el Tea-Party USA, sea el "TDT-party" español. En España, la mentira y el cinismo son el patrimonio moral de la derecha inventada por Aznar. La mentira de la derecha española ha encontrado en el insulto el complemento argumental necesario. El insulto es la catástrofe moral necesaria para hacer creíble la mentira vertida sobre el rival político. Deslegitimado moralmente por el insulto en tanto gobernante, político, o, simplemente, persona -¿se podrían recopilar los insultos de Rajoy al Presidente del Gobierno de la Nación, especialmente durante la primera legislatura de Zapatero?-, la mentira se hace creíble, casi necesaria para el oyente afín, que necesita participar de la realidad conveniente que su dirigente le dibuja. José M. Izquierdo a recopilado un florilegio de declaraciones de la derecha española en los medios de comunicación, y que ilustran bien esta estrategia de terrorismo verbal. Una estrategia que avergüenza, más que por que hayan sido escritas por sus autores -incluso por algún "filósofo", como Albiac-, avergüenzan por la acogida que tienen en tan amplias capas de ciudadanos que se tienen por demócratas.
Con el próximo triunfo en la elecciones generales, la derecha cerrará el círculo virtuoso de controlar todos los registros del estado. Seguramente, a partir de entonces, se avanzará en la perversión del uso del lenguaje, un escalón más, tal vez el último necesario. Nosotros trataremos de definir su esquema psicotizante. 
[Ver: 2012/05/ El-uso-canalla-del-lenguaje /2]

lunes, 14 de noviembre de 2011

Insistiendo en la omnipotencia materna: "El chico de la bicicleta".


La última película de los hermanos Dardenne -Le gamin au vélo- insiste en uno de los ejes capitales del cambio cultural de la metamodernidad: el colapso de la figura paterna. La película nos narra el desequilibrio psicológico que produce en un adolescente el rechazo de su padre a ejercer de tal. Rechazo que va quedando como rechazo explícito a medida que avanza la película. Pero también propone una solución.
La película está construida sobre cuatro decisiones de cuatro de sus protagonistas: el deseo decidido del joven de reencontrar a su padre (y recuperar su bicicleta); el de una mujer soltera en "maternizarlo"; el del padre, de desprenderse del hijo, y el del novio de aquella, de ocupar un lugar paterno como tercero en esa nueva situación de acogida.
Este último, precisamente, es quien decide el deseo de la mujer, cuando la pone en el brete de tener que elegir entre sostener su palabra de (en función de) "padre", o disculpar al joven en su comportamiento desafiante y transgresor. Y es ahí que la protagonista decide eligiendo como madre, en contra de su deseo de mujer. Esta elección plantea -una vez más- el enigma del lado del deseo femenino: ¿qué mueve a esta mujer a hacerse cargo de un adolescente de comportamientos psicopáticos? La narración no da ninguna pista de ello. 
Esto es lo que da a la película una orientación ideológicamente feminista -o, mejor dicho tal vez, feminizante-. No hace falta justificar las razones de la mujer. Basta su acto de maternaje, sus cualidades femeninas: su paciencia, su capacidad de acogida, su entrega, y, sobre todo, su capacidad de sacrificio. Aunque, tal vez, la razón materna se legitime, simplemente, en la insolvencia de unos hombres que se presentan como inmaduros, incapaces, cobardes con sus responsabilidades y compromisos adquiridos. Y, en consonancia con todo ello, también como unos egoístas infinitos.
En este sentido, el título de la película es esencial. La bicicleta es el significante fálico, significante del deseo para ese chico. Su búsqueda del padre y la búsqueda de su bicicleta son indisociables. Y, en una escena aparentemente anodina, aparece la mujer soltera restituyendo la bicicleta al joven, para, más tarde, enterarnos de que -lejos de haber sido robada-, fue el padre mismo el que la vendió a sus espaldas, para ganarse unas monedas (manera absolutamente indigna de ejercer su función). 
Que sea la mujer soltera la que restituye el falo al joven -además, en plena adolescencia; es decir, en un momento esencial en la reorganización de sus identificaciones masculinas-, nos da la medida de lo lejos que queda para este joven el entramado del deseo del mito edípico, operante en la cultura clásica del padre. En el reverso de la posición del padre, como tercero simbólico, entre una madre y su hijo, como objeto del deseo, la película nos muestra una mujer que se apodera del objeto del deseo que separó el padre (la bicicleta), para restituírselo al hijo. En  perfecta lógica pre-edípica, esto sellará, más adelante, la relación fálica entre el adolescente y esa mujer, relación dual, que se hará madre de ese joven por ese acto de restitución,  excluyente al mismo tiempo de la posibilidad de un padre para él, y un hombre, para ella.
Por si la figura del padre como transmisor de la ley no quedara ya suficientemente malparada en la trama principal, los Dardenne incluyen un pasaje en el que un padre -agredido por el joven protagonista-, "protege" de la ley a su propio hijo, cuando  éste cree haber matado al primero en una disputa vengativa, dándole así una lección de irresponsabilidad y cobardía frente a las consecuencias de sus actos. 
Se puede justificar la narración apelando a la realidad de la sociedad en la que vivimos. Seguramente el padre de este joven corresponda al tipo de adultescente (ver Neo-Lexicón), detectado por los sociólogos de la contemporaneidad. Lo que parece más discutible es la solución materna dada al problema de esta relación padre-hijo (adultescente-adolescente) por los directores de la película.
Frente a esta impotencia masculina -en una época en la que el falo no es más la referencia para organizar lo social-, se propone la omnipotencia materna -una fantasía infantil universal- en una sociedad que se feminiza rápidamente, y en la que el discurso de que los hijos pertenecen a las madres se ha convertido en discurso Amo. Sorprende enormemente en la argumentación de la película ver cómo, ante el efecto desestructurante que tiene la ausencia del padre para el joven -llega a colocar a un delincuente en ese lugar, con tal de que alguien lo ocupe en su vida-, la solución elegida por los realizadores sea colocar "una madre", que, además, como mujer, no es capaz de sostener la relación con el hombre con el que estaba, ante la llegada del adolescente. 
Y es una propuesta ideológica, porque el final de la película huye de cualquier dimensión trágica, épica, o al menos dramática, de la imposibilidad de ese hijo de tener su referencia paterna, para dejar constancia del efecto estructurante en lo psíquico, y apaciguador en lo social del maternaje triunfante. Indudablemente no es un Happy End tipo Hollywood, pero sí se sale de la película -después de las mil tribulaciones del chico insistiendo en callejones sin salida, y ensayando soluciones fallidas-, se sale, digo, con el alivio de que menos mal que el chico ha encontrado una mamá.
Terminaré con una pequeña observación de sociología de campo, como cotejo de todo lo anterior con la realidad cotidiana, y con el discurso común. Evidentemente, para el lector, la realidad de lo que sigue solo puedo fundarla en el crédito que se dé a mi palabra.
Mientras desayuno en la cafetería habitual, escucho una conversación. Son cuatro Guardias Civiles -lo que añade un plus de interés-, jóvenes. Uno de ellos es una mujer. Mientras toman sus bocadillos, hablan de sus proyectos personales.  Inevitablemente, por su edad -parecen estar alrededor de los treinta años-, surge la conversación de sus planes amorosos. Ella afirma entre risas, pero contundentemente: "Yo no pienso casarme... porque sé que me voy a terminar divorciando". Los tres varones presentes expresan de distinta forma el efecto en ellos de una afirmación tan determinista, al tiempo que pesimista. Pero, antes de que digan más, ella vuelve a tomar la palabra para afirmar: "Lo que sí tengo clarisimo es que voy a tener un hijo". Un aviso de una incidencia en una oficina bancaria termina apresuradamente con la conversación. 
Quedó anunciado: en un futuro no muy lejano, nacerá un nuevo niño, que no tendrá padre por la decisión de su madre. Yo me quedé pensando, ¿qué pasaría si, al igual que el legislador de la antigua Roma instituyó la figura del Pater patratus, para deslindar la función paterna del Pater genitore -el padre biológico-, el Derecho actual legislara en el sentido de garantizar a cada nacido el derecho a tener un padre? ¿No se nos llena a todos la boca de repetir que lo más importante es el bienestar y los derechos del menor?
[Ver: 2011/12/ Insistiendo-en-la-omnipotencia-materna /2]

viernes, 4 de noviembre de 2011

Del 15 M al 15 O.

En realidad, el título que quiero escribir es el siguiente: 
Del 15 Madrid, al 15 glObal
El movimiento local originario parece haber dado el salto a la globalización. El pronto eco que ha tenido en los EEUU, y la rápida extensión que ha tenido allí from coast-to-coast, puede que le dé su carta de residencia para quedarse entre nosotros ya de forma duradera. Afianzado en Europa, extendiéndose en USA, con importantes resonancias en los movimientos ciudadanos de los países árabes, parece haberse hecho ya un movimiento "Glocal". El lema: "Unidos por un cambio global", resonó en 961 ciudades de todo el mundo.
Si esto es así, el movimiento de los indignados será el primer movimiento de protesta y acción social de la MetaModernidad. Los movimientos sociales del siglo XX habían contado con los movimientos juveniles como vanguardias militantes -militares, en el peor de los casos-, al calor alienante de las identificaciones ideológicas. En las sociedades occidentales de la segunda mitad de aquel siglo, con la bonanza económica y la angustia nuclear, estallaron en mil variantes los movimientos juveniles ligados a la protesta lúdica, al goce de los primeros compases de una sociedad consumista, y a las nuevas alienaciones que venían de la mano de la cultura de masas, particularmente la música. La juventud se adueñó de la cultura. Y se adueñó por que la producía. Y al hacerlo, aparece como protagonista, sujeto de lo social.
Desde los años '80, la revolución neoconservadora retiró de la sociedad las movilizaciones populares, y orientó a las masas hacia el señuelo del bienestar económico. En España, la desmovilización de la sociedad vino de la mano del acceso a la democracia. Acabada la dictadura, cualquier movimiento ciudadano era sospechoso de conflictividad, y la transición exigía paz social -Pactos de la Moncloa-. El acceso al poder del socialismo terminó definitivamente con la protesta social, que quedó circunscrita a las luchas sindicales contra la reconversión industrial. La juventud española se orientó hacia una intensa renovación cultural -la movida-, que trataba de sacudirse más de una década de lucha política contra la dictadura, y de intensa exigencia ideológica en sus actitudes y compromisos. Los cantautores cedieron su escenario a los grupos pop -"...¡oh tú, sí tú!...el futuro ya está aquíiiiii"-. Lo que había llegado era la Post-Modernidad, y su propuesta de vida soft, light, etc -"...y yo caí, enamorado de la moda juvenil, de los chicos y las chicas que allí vi...".
La crisis de las ideologías dejaba planteada la paz social únicamente del lado del trabajo. El enriquecimiento vendría solo. La intensa creación de clases medias durante las tres décadas anteriores parecía confirmar que el trabajo aportaría la riqueza automáticamente, sin necesidad de una política de justicia distributiva. La multiplicación de los objetos de consumo alimentaban la convicción de un acceso real y democrático a una calidad de vida siempre in crescendo. La codicia dejó de ser pecado, y se legitimó el culto al dinero. La juventud tuvo acceso a los bienes de consumo con una rapidez y en una cantidad que fascinó a la sociedad -y más a una sociedad tradicionalmente pobre como la española. A cambio, durante todas estas décadas, la juventud  vio reducido su papel de actor social al de activo consumidor cultural, básicamente alienado al espectáculo de la música y del deporte, y al negocio de los video-juegos. Treinta años después, la pérdida de nivel de vida de las nuevas generaciones amenaza con haberse convertido en su futuro, y vuelve el fenómeno de la inmigración, aunque esta vez sea de alta cualificación académica.
Como movimiento cultural, el 15-M va a tener sus propias características por fuerza mayor de las condiciones de precariedad económica que afectan a los más jóvenes de ellos, que constituyen su base mayoritaria y más dinámica. Sin embargo, su cultura informática, y el acceso a las nuevas tecnologías posibilitado durante este tiempo, les permite un nivel de organización y de circulación de la información inimaginable para los movimientos sociales de los años '60 y '70. Organización y debate virtual, que preparan los encuentro ciudadanos, debates directos, y actos de protesta en la calle, que es el espacio ciudadano. Las dimensiones de las protestas espontáneas en el mundo árabe, han dado la medida de la capacidad de movilización social y transformación política de que son capaces movimientos nacidos en la base de las sociedades, cuando estas se sienten desvinculadas del pacto social que legitima la representación política, y por el que se sienten unidas a sus gobernantes.
En este sentido, también es el primer movimiento de la post-democracia, por la novedad que supone una acción política sin referencias en la teoría ni en la praxis. El "Que no, que no nos representan, que no", se refiere a un sistema político que parece no tener más futuro que el hecho de no tener alternativa. Desenmascarado ya el Mercado como el auténtico diseñador de las políticas mundiales, la acción de los gobiernos no aparece más que como su humilde ejecución, y los parlamentos como los vergonzantes legitimadores de las exigencias del capital. Para el 15 M vivimos una crisis sistémica, no porque  hayan quebrado los gigantes financieros que no pueden quebrar, o por las deudas soberanas que los estados no pueden pagar. Es la otra crisis sistémica, la de la legitimidad y la operatividad política de los estados democráticos, desvelada en su impostura por aquella otra financiera. 
Los indignados empiezan a ser apaleados en Wall Street, insultados por la extrema derecha institucional española -Aznar, E. Aguirre, Sánchez Dragó...-, temidos y codiciados como fuerza electoral por Cayo Lara y los socialistas. Son todas ellas buenas señales. Los ciudadanos indignados, los jóvenes particularmente, vuelven a ser sujetos nuevamente de lo político -que no de la política-. ¿Hay esperanza?